El contacto

Hace un tiempo me llamó un amigo. Estaba pasando unos días en la montaña y cuando me llamó tenía mala conexión. Con voz intercortada oí su voz: 

“Eh, ¿Me sientes?”. 

La llamada se cortó. Al cabo de un rato me mandó un mensaje diciendo que me llamaría en cuanto tuviera cobertura. 

Me quedé con su expresión pensando en el significado de:

“¿Me sientes?”

Hay amistades que empiezan a través de una simple mirada, hay amores que comienzan por la voz – como en Romeo y Julieta – y personas que a través de su pura presencia saben estar contigo. O que, a través de su humor, te acompañan e inspiran confianza. Son múltiples las formas que tenemos para encontrarnos con otra persona, compartir un momento con ella, estar juntos por un momento, en contacto… 

En ningún momento de la historia hemos estado tan conectados a tantas personas y tantas cosas a la vez como ahora. Nuestro tiempo está marcado por la conexión o la falta de ella, estando en contacto a pesar de las distancias, a veces tan conectados que nos desconectamos por completo. Según el Observatoria Estatal de la Soledad No Deseada un 13,4% de los españoles sienten una soledad involuntaria. En los jovenes la cifra casi se duplica. El efecto que tiene la soledad en nuestro cerebro es muy parecida al efecto del dolor. Es la forma que tiene el sistema de advertirnos de que necesitamos a gente a nuestro lado, ya que la soledad para nuestros ancestros era realmente peligrosa.

Uno de lo resultados más sorprendentes de la neurociencia en los últimos años ha sido el descubrimiento de que la familia y los amigos no sólo hacen que vivamos más tiempo sino que mejora nuestra salud a lo largo la vida. El contacto, por lo tanto, siempre ha sido y sigue siendo absolutamente vital. Y la palabra en si nos revela eso. “Contacto” nos habla de lo táctil, de tocar y ser tocados. Cuando alguien nos acaricia o nos abraza, en nuestro cuerpo se libera lo que se conoce como la hormona del amor. 

La oxitocina es la hormona de la calma y el contacto ya que solo se libera dadas estas condiciones, bajo los efectos de ella sentimos bienestar, estamos más tranquilos y predispuestos a los demás. Es una hormona que ejerce durante toda la vida en nuestra memoria social a través la cual creamos nuestros vínculos relacionales.

Varios estudios muestran como para niños pequeños y personas mayores el contacto físico es necesario para el desarrollo cognitivo y que la negligencia tiene efectos severos.

Hay momentos de la vida en los que estamos más necesitados de ese contacto que en otros.

Hay momentos en que el contacto no se puede producir por las circunstancias, por distancia por ejemplo. 

Y hay circunstancias inesperadas que de repente pueden interrumpir nuestras más queridas costumbres.

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